sostener es florecer, o viceversa…

En 31 días hará un año desde que REDA decidió nacer.

Hace un año la persona que hoy está detrás del proyecto no tenía ni idea de lo que sucedería y, a decir verdad, tampoco le importaba mucho.

No me importaba porque REDA nace de la necesidad, de la pulsión, de lo pasional. Muchas veces he oido que empezar un negocio desde el corazón es uno de los mayores errores que se pueden cometer pero, mi voz interna, imprudente por naturaleza, grita siempre lo contrario.

En este primer año he aprendido muchísimas cosas, he apuntado (mentalmente y físicamente también) cada error que he cometido para no volver a caer en él. He viajado a muchos sitios, he descubierto nuevas maneras de hacer las cosas y he llegado a la conclusión de que la técnica es correcta si te ayuda a llegar al resultado.

Siempre he temido a las cosas correctas e incorrectas y este año he aprendido que forman parte de un mismo concepto. Son las dos caras de una moneda.

Estoy orgullosa de poder decir que además de aprender numerosas técnicas, maneras de hacer, formas de organizar y coordinar, he aprendido a pedir. En este caso a pedir trabajo, mucho trabajo. Seguramente te parecerá una tontería pero, para mi ha sido el aprendizaje más importante de estos 12 meses. NO RENDIRME; NO TENER OPCIÓN A RENDIRME más bien.

Ser florista freelance es la búsqueda constante de nuevos estudios florales con los que puedas conectar y crecer, es hacer amigos en talleres oscuros donde no cabe una flor más o estar a 45ºC subida a una escalera montando arcos florales. Es una vida donde todo es pasajero, donde los viajes ocupan días y dejan el cuerpo molido, donde montar y desmontar es cosa de horas; como si de una obra de teatro se tratase, las flores acabaron su función y el telón cae sobre ellas eternamente.

Ser florista freelance es tener que compaginar agendas y no colarse en las fechas para no dejar a nadie con el culo al aire (y lo digo porque me ha pasado) y rezar porque no te cancelen a ti esa fecha importante que te habían encargado. Es experimentar las primeras veces muchas veces a lo largo de la temporada. Llegar a un sitio nuevo y no saber si encajarás, si tu manera de trabajar gustará, si eres lo suficientemente obediente o si podrás salvar las situaciones que se den.

A veces también es responsabilidad y eso es una gran recompensa. Esa emoción cuando vuelven a llamarte, cuando ves el mensaje de compañeros felicitándote por el trabajo que hiciste, cuando te piden opinión sobre qué técnica utilizar, cómo fijar la estructura o auieren saber qué te parece la gama de colores que se ha escogido…

También es pasar por casa solo para cambiar de maleta, llegar tras un mes y tener un un cúmulo de lavadoras; volver a ordenar aquello que parecía estar ordenado pero que, en la ausencia, se ha movido de manera sutil.

Ser florista freelance es en mi vida un acto revolucionario. Y creo que esa es la única manera en la que puedo estar segura de estar viviendo.

No me estoy haciendo rica pero tampoco me importa demasiado, prefiero llevarme en los ojos todas las cosas maravillosas que mi trabajo me regala y seguir buscando (aunque ahora siento que esa búsqueda se hará eterna) mi suerte.

Casi todos los recuerdos que guardo tienen que ver con las flores y, pensar en pedir también tiene relación con ellas. Me paso todo el invierno pidiendo una nueva primavera (una buena temporada, contactos, eventos, festivales…) pero, no dejo que dependa solo de un sol que últimamente parece tener miedo a salir, preparo mis raíces para que, lo que venga, pueda ser un poquito mejor (o ser yo un poquito mejor para quien me encuentre en eso que llega).

Así que gracias a esas flores que me sostienen puedo florecer.

PD: las fotos tan preciosas de la cabecera son obra de Anais <3 gracias!

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